La muerte de una mujer influyente

Isabel tenía un puesto directivo en una de las organizaciones más importantes del país. Era una mujer trabajadora, con un carácter enérgico y exigente que le había ganado la enemistad de muchos de sus rivales profesionales. Uno de ellos era Ascensión, que hacía a Isabel responsable de las dificultades que estaba atravesando su familia. Por eso decidió matarla.

Todos los medios de comunicación se hicieron eco de este crimen. Yo me enteré aproximadamente una hora después de que sucediera y enseguida sentí que tenía que ayudar al alma de Isabel. Decidí hacerle la sanación que me enseñaron algunos meses antes en la escuela de enfermería astral. Así que me imaginé dentro de su cuerpo y viví su muerte en primera persona.

La primera sensación que experimenté fue un golpe seco en la espalda. Después vi como Isabel, muy aturdida, medio giró su cuerpo y miró sin reconocer el rostro de una mujer que la observaba fijamente. Vlo el fogonazo de otro disparo y su visión se oscureció. En ese instante empecé a guiar su alma a la Luz.

Puedo aseguraros que no sufrió, que ni siquiera fue consciente de lo que estaba pasando y que su alma está en paz.

Los noticieros daban siempre la misma versión de los hechos. Decían que Isabel había muerto de tres disparos por la espalda, pero no hablaban nada del disparo que había recibido de frente y que fue el que realmente acabó con su vida.

Durante una temporada leía la prensa todos los días esperando que cambiaran la «versión oficial», pero nunca variaba y esto me desconcertó tanto que empecé incluso a dudar de la exactitud de lo que había visto.

Unos 15 días después decidí confiar en lo que había vivido y di por buena mi versión, a pesar de que la prensa hiciera una interpretación algo diferente de los hechos.

Finalmente, uno o dos días después de que decidiera confiar en mi percepción, se hizo pública la autopsia de Isabel: confirmaba que primero fue disparada por la espalda, que entonces giró mecánicamente medio cuerpo y recibió un segundo disparo frontal que fue el que la mató y que una vez muerta recibió un tercer impacto de bala.

Este caso fue importante para mí porque al comprobar la veracidad de mi visión me confirmaba que la sanación que aprendí en el plano espiritual realmente ayuda a las almas en su transición.

Hasta ahora la mayoría de los casos presentados están publicados en orden cronológico. Todos son especialmente significativos para mi, pues suponen un paso más en mi evolución personal.
Básicamente, trabajo con almas que tienen temas pendientes. Generalmente contacto con ellas a través de un espíritu que trae a mi consulta algún ser querido suyo en el plano físico para que alivie su dolor.
En muchas ocasiones mi trabajo se centra en ayudar a las personas a asimilar su propia muerte para que puedan ir a la Luz en paz.

La Escuela de Enfermería del plano Astral

La noche del 20 de diciembre del 2013 soñé que estaba en una Escuela de Enfermería en el plano Astral. Formaba parte de un grupo de unas 10 almas a las que nos preparaban para ser sanadores en la dimensión física. Todos teníamos el aspecto de hombres y mujeres jóvenes, como de 20 años. Nuestro trabajo en la escuela transcurría entre las lecciones y el cuidado de los enfermos que estaban ingresados. Yo tenía la sensación de ser el único que conservaba aún su cuerpo físico y esto me producía la incómoda sensación de estar fuera de lugar. Mis compañeros solían comentar alegremente entre ellos cómo había sido su última vida en la Tierra y cómo les gustaría que fuera la siguiente, en la que ya podrían desarrollar las habilidades de sanador que estábamos aprendiendo. Cuando sanadores-del-almateníamos este tipo de conversaciones, yo trataba de disimular y contestaba con evasivas si alguien me preguntaba algo directamente, pues no quería que descubrieran que aún  tenía cuerpo físico. Recuerdo que una vez, uno de los pacientes a los que estaba cuidando se quedó mirándome fijamente y me preguntó muy serio y alarmado que por qué yo no era igual que los demás enfermeros. Terminé de atenderle lo más rápido posible y salí de su habitación en cuanto pude.

El aula donde estudiábamos tenía una mesa alargada en la que nos sentábamos todos los alumnos y el profesor. Recuerdo que una de las paredes era una gran pantalla donde se proyectaban imágenes relativas a la enseñanza que estábamos recibiendo.

Uno de los primeros casos que vimos fue  el de una mujer a la que habían torturado y asesinado. El cadáver estaba dentro de un saco de plástico que habían tirado al mar. El saco llegó a la costa, pero las corrientes marinas lo movían de un lugar a otro y esto dificultaba la localización del cuerpo, que se estaba descomponiendo más rápido de lo habitual. El alma de esta mujer había sufrido tanto durante su tortura que era incapaz de desprenderse de su cuerpo, pues no dejaba de revivir continuamente el dolor que había sufrido antes de morir.

Cada día, al empezar las clases, ella era el primer caso que nos presentaban. Veíamos a la mujer deteriorándose más y más y como su sufrimiento aumentaba con el paso del tiempo. Por alguna extraña razón que desconozco, nadie podía hacer nada desde el plano astral para ayudar a esta pobre mujer hasta que su cuerpo fuera encontrado en el plano físico…

Cuando finalmente el cuerpo fue hallado, tras estar varias semanas a la deriva, unos seres de luz nos trajeron inmediatamente una camilla con el cadáver. Mis compañeros y yo nos colocamos alrededor, mientras nuestro profesor nos enseñaba cómo se sana a las almas que se encuentran en esta situación. Yo estaba realmente impresionado, tanto por el deterioro físico de la mujer, como por el sufrimiento que desprendía su alma, que seguía aún atrapada en el cuerpo físico. Fue tal el impacto que me produjo la situación, que me desperté antes de que nuestro profesor pudiera finalizar la enseñanza.

El 21 de diciembre, la mañana siguiente a mi sueño,una pareja que paseaba por la playa encontró un saco de plástico con el cadáver de un hombre en avanzado estado de descomposición. El 22 de diciembre leí la noticia en el periódico. Decía que el cuerpo había estado flotando a la deriva durante varias semanas porque las mareas lo habían arrastrado de una playa a otra y eso había retrasado su localización…

Después de leer la noticia me quedé anonadado… Pocas horas después de haber tenido ese sueño había ocurrido una historia prácticamente idéntica, salvo que en mi sueño el cuerpo era el de una mujer y en la realidad resultó ser el de un hombre.

En cuanto pude me acosté y pedí volver de nuevo a la Escuela de Enfermería Astral.
Enseguida me vi. en la puerta de la Escuela, donde me esperaba un ser de luz al que yo conocía bien, porque había sido tutor mío en una etapa de transición espiritual por la que pasé años atrás. Él me franqueó la entrada y avanzamos por un largo pasillo en dirección al aula. Mientras caminábamos me explicó que era el director de la Escuela y que yo estaba allí porque él me había llamado y por tanto nadie iba a cuestionar mi presencia.
Aún así, me sentí un tanto avergonzado y me alegré de que en ese momento no hubiera nadie más con nosotros. Entramos en el aula y allí estaba la camilla con el cadáver. En esta ocasión el cuerpo era el del hombre que mencionaba la prensa y no el de la mujer de mi sueño. El director de la escuela me explicó que cuando alguien muere de forma violenta es normal que el alma se quede atrapada en el cuerpo y que no pueda evolucionar a un plano superior.  Me dijo que en esos casos, lo que tenía que hacer era introducir mi propia alma dentro del cadáver y desde ahí sanar el alma invocando una energía, profunda, intensa y amorosa y ofrecerla a la persona. En ese momento es normal ver  en primera persona las circunstancias de la muerte del paciente, tal como él las vivió, pero no es necesario recordarlo y si el trabajo se hace rápido, apenas queda un vago recuerdo de lo vivido en la conciencia del sanador.

El director y yo estábamos solos en el aula con el cadáver. Él miró fijamente el cuerpo y simplemente dijo: “Hazlo”energia-sanadora
Esta vez no dudé. Me imaginé dentro de él y al identificarme con ese cuerpo que yacía en la camilla, sentí su alma atormentada e invoqué la luz más blanca y pura que pude. Como en un flashback me vinieron una sucesión de imágenes  de cómo había sido torturado por varias personas. Sentí como su alma se liberaba y abandonaba ante nosotros el cuerpo que ya solo era carne muerta.
Poco después de esto, volví a entrar en mi cuerpo físico.

Una de las primeras personas con las que practiqué esta forma de sanación fue con Isabel.

 

Crónica desde el Otro Lado: 62 muertos al estrellarse un avión en el sur de Rusia.

Las 62 personas que viajaban a bordo de un avión de pasajeros en el sur de Rusia murieron al siniestrarse la aeronave en el segundo intento de aterrizar en el aeropuerto de Rostov el Don, dijeron funcionarios rusos. En la imagen, miembros del cuerpo de emergencias trabajan en el lugar del accidente del Boeing 737-800 Flight FZ981 de Flydubai, en el aeropuerto de Rostov-On-Don, Rusia, el 19 de marzo de 2016. REUTERS/Stringer

Es la noticia que destacan los periódicos de hoy: Un avión al intentar aterrizar con un fuerte viento lateral se estrelló aproximadamente a 200 metros de la pista de aterrizaje.
Al leer la noticia sentí que tenía que acudir a ayudar al rescate de las víctimas. En cuanto me ofrecí, me vi en la pista de aterrizaje, como sí el avión se hubiera estrellado allí mismo. En el aeropuerto caminaban numerosas personas sin rumbo, como perdidas. Me llamó la atención un hombre de unos 40 años que lloraba desconsolado sentado en su maleta. Hablé con él intentando tranquilizarle y como estaba muy nervioso le sugerí que se tumbara sobre la pista. Cuando empecé a hacerle sanación una gran bola de luz nos rodeo a los dos. Mientras yo recomponía las heridas que el accidente le había causado, los dos desprendíamos una luz tan intensa que atrajo a algunas de las almas perdidas que, formaron un círculo a nuestro alrededor y nos miraban con curiosidad. Poco a poco el hombre se fue tranquilizando. Extraje de su abdomen el pánico que había sentido en el momento de su muerte y finalmente él se quedó durmiendo plácidamente sobre la pista. Del grupo que nos rodeaba sé acercó una niña de unos 10 años, rubia y con la piel muy blanca. Muy seria, sin decirme nada, se tumbó al lado del hombre y empecé a hacerle sanación. Mientras trabajaba con ella, mentalmente veía muchos momentos felices de su vida: con sus padres, con su perro, con el que le gustaba jugar y pasear por el campo . . . Enseguida surgió del cielo como un túnel de luz muy blanca y la niña, o más bien su espíritu, fue hacia allí, sonriendo. A continuación se acercó a mí una mujer muy nerviosa, de unos 30 y tantos años, también rubia y con la piel muy blanca. Me miró con cierta desconfianza aunque a pesar de eso se tumbó donde había estado la niña. Con ella el trabajo fue muy intenso porque  había muchas cosas que le ataban al plano físico y se resistía a marcharse. Finalmente también desapareció envuelta en luz. El primer hombre al que había hecho sanación seguía aún tumbado, pero su imagen se iba desvaneciendo y su rostro transmitía mucha paz. Miré alrededor y vi que las pocas personas que aún permanecían en la pista estaban siendo tratadas por otros sanadores. Aunque entendí que mi trabajo ya se había acabado, me ofrecí de apoyo por si alguno de los grupos de ayuda me necesitaban. Entonces me vi en un hangar muy grande en el que se daban mantas térmicas y un caldo caliente a las personas accidentadas para reconfortarlas. Los afectados se difuminaban a medida que iban sanándose del accidente y desaparecían en la luz.
Tras  un rato, mi alma volvió a encajarse en mi cuerpo físico. Mi trabajo había terminado y,  justo después,  empecé a escribir esta crónica.

 

 

 

La Sala de Espera del Cielo.

La mañana amaneció con la noticia del accidente: un tren había descarrilado justo cuando iba a entrar en la estación. Todo apuntaba a que podían haber muerto muchas personas.

Quedé tan impactado que en cuanto pude me tumbé y mentalmente me ofrecí para ayudar a los afectados.

Me imaginé en el vestíbulo de la estación y vi que había unas 15 personas allí. Parecía como si estuvieran esperando pacientemente la salida de su tren.

La Sala de Espera del Cielo.Una voz interior me dijo lo que tenía que hacer y siguiendo sus indicaciones, me fui acercando a esas personas para hacerles sanación, como si aún estuvieran vivos.
Al final siempre aparecía una gran luz blanca que les envolvía y se disolvían en ella con una inmensa expresión de paz en la cara. Poco a poco fui sanando a todas las personas que había en la sala. Con algunos apenas intercambiaba unas palabras, a otros les tenía que tranquilizar asegurándoles que sus seres queridos iban a estar bien a pesar de su marcha. Recuerdo especialmente a una mujer de unos treinta años, que estaba de pie de tras de mi y me miraba con cara de adoración. Me dio la sensación de que creía que yo era Jesucristo, la voz me dijo que no la prestara atención.

Aquella mujer me iba siguiendo mientras yo sanaba al resto de personas y cuando ya no quedaba casi nadie en la sala la voz me dijo: «ahora sánala a ella». Entonces me volví y le sonreí, para ella era como si el propio Jesucristo le mirara a los ojos y le sonriera. ¡Estaba feliz! Alargué mi mano y rocé con mis dedos su frente. Seguramente lo vivió como si hubiese recibido una bendición divina y se desmayó de la emoción, aunque antes de que pudiera caer al suelo la luz blanca la envolvió y desapareció en un estado de éxtasis total. No sé muy bien a dónde fue, pero sin duda es un buen sitio.

Cuando terminé y ya no quedaba nadie más en la sala, me sentía muy bien, con una paz muy profunda y a la vez lleno de vida. Mentalmente dije que estaba dispuesto a seguir ayudando, entonces una de las puertas de la sala se abrió y apareció un hombre de edad indeterminada, entre los 30 y 50 años. Tenía la cara desfigurada por el accidente y un agujero muy grande en la zona del corazón, como si alguna pieza de metal le hubiera atravesado el pecho. Su cuerpo estaba lleno de sangre. Se quedó mirándome fijamente desde la puerta, estaba realmente enfadado. De repente la imagen se congeló y la voz interior preguntó: «¿Estás seguro?». Contesté que sí y la imagen volvió a ponerse en marcha. El hombre avanzó hacia mí con determinación, gesticulando mucho, parecía realmente irritado. Se paró a menos de un metro de mi y empezó a protestar. Creía que yo era un empleado del ferrocarril y decía que la situación era intolerable, que iba a llegar tarde al trabajo, que quería demandar a la compañía… Desde luego no era consciente de su estado físico. La voz me dijo que no le contestara e intuitivamente empecé a sanarle el agujero que tenía en el pecho. Cuando mis dedos entraban en su cuerpo se iluminaban con un brillo rosado, era un espectáculo extraño e hipnótico. Mientras tanto, él seguía protestando: me dijo que se llamaba Eduardo y que me acordaría de él porque iba a presentar una queja de mi. En un determinado momento Eduardo se quedó en silencio mirando hipnotizado el movimiento rítmico de mis dedos dentro de su cuerpo. Como era imposible que esto pudiera suceder en el mundo físico, me miró y con tono de sorpresa preguntó: «Estoy muerto ¿verdad?»

Inmediatamente la escena cambió y Eduardo y yo nos vimos situados en el aire a unos 5 metros sobre el tren siniestrado. Rápidamente se dio cuenta de lo que había sucedido y me preguntó: «¿Puedo ayudar?». Le miré a los ojos y le dije que no se preocupara, que todo estaba bien. La luz blanca le empezó a rodear y a hacerse cada vez más intensa. Su rostro iba serenándose cada vez más, sin embargo permanecía inmóvil sobre el lugar del accidente. Sentí que no podía irse porque el horror que había sentido en el momento de su muerte se lo impedía. Entonces pedí absorber todo ese horror para transmutarlo. La luz que le envolvía se hizo aún más intensa y entonces Eduardo desapareció.

Mientras yo seguía flotando en el aire sobre el tren accidentado, de repente sentí que a varios kilómetros de distancia estaba mi propio cuerpo físico y supe que tenía que gritar para liberar todo el horror que había sentido Eduardo.

Lo cuento tal como lo viví. Mi alma volvió a mi cuerpo y éste saltó en el aire sobre la cama y se colocó boca abajo. Abrí la boca todo lo que pude, clavé mis dientes en la almohada y dejé salir todo el sufrimiento de Eduardo con un grito largo e intenso.

Al acabar me di cuenta de que si no hubiera amortiguado el grito con la almohada mis vecinos seguramente habrían llamado a la policía, pensando que me estaban asesinando de una forma terrible.

Después de esto me sentí muy bien y totalmente en paz… El resto del día seguí con mi vida.

Una madre impaciente

Rosa acudió a mi consulta porque llevaba mucho tiempo teniendo fuertes jaquecas. Me dijo que estaba triste desde que su marido había fallecido 4 meses atrás y también que su madre había muerto hacía tres años.

Nada más comenzar a hacerle la sanación, vi mentalmente a su madre de pié, situada a mi izquierda. En cuanto notó que podía percibirla empezó a pedirme que le transmitiera mensajes a su hija. Hablaba tan deprisa y con tanta desesperación, que se notaba que le urgía comunicarse con ella. Yo apenas podía entender lo que decía, aunque captaba su angustia: «Dile . . . dile . . . dile . . .»
Como en ese momento no sabía qué hacer, le dije mentalmente que se tranquilizara y le prometí que cuando finalizara la sanación intentaría darle algún mensaje a su hija.

Efectivamente, nada más acabar la sesión reapareció la madre de mi paciente, algo más tranquila, para volver a pedirme comunicarse con Rosa. Tras meditarlo durante unos segundos finalmente acepté y le permití que entrara en mi corazón. Después empecé a hablar, aunque no con mis palabras, sino con las suyas. Yo era plenamente consciente de todo lo que decía, incluso si hubiera querido podía haber «censurado» su dialogo, pero no lo hice. Sentía como si yo también estuviera observando la situación desde fuera. A través de mí, la madre empezó a hablarle a su hija de muchas situaciones que vivieron juntas y también de conversaciones que mi paciente había mantenido mentalmente con su madre tras su muerte. Rosa me miraba boquiabierta mientras me preguntaba: «¿Cómo sabes eso?,
¿ Te he dicho yo eso?».
Le expliqué que no me lo había contado, que simplemente lo sabía y con un gesto de mano le rogué que me permitiera continuar.
Rosa se tapó entonces la cara con las manos y lloró mientras yo seguía transmitiéndole lo que le decía su madre. Al cabo de un rato abrió mucho los ojos y se me quedó mirando fija y atentamente, como si no quisiera perderse ni una palabra. A través de mi, la madre de Rosa le dio muchos mensajes personales, le respondió a preguntas que le había hecho mentalmente después de su muerte, le habló de su nieta, la hija de Rosa, y de cómo había atendido su petición de protegerla, le hablo de tantas cosas…
Yo lo único que tenía que hacer era mirar en mi corazón y dejar salir las palabras que había en él. Cuando ya no quedaban más palabras dentro de mí, vino el marido de Rosa, le dejé entrar y sucedió algo parecido: Habló de situaciones que los dos habían vivido, de conversaciones y de momentos que habían compartido cuando él ya no estaba en su cuerpo físico. Cuando ya no me quedaban más palabras di por finalizada la sesión y Rosa se fue totalmente relajada y transformada, como si estuviera por fin en paz.

Después de esto, Rosa vino varias veces más a mi consulta para tratar su problema de jaqueca. Al cabo de varias sesiones le dije: «Rosa, en nuestra primera sesión pasó algo y nunca hemos vuelto a hablar de ello ¿te acuerdas?». Ella me contestó: «No, solo recuerdo que al final de la sesión tú me hablaste y después yo me sentí muy bien». No hizo ningún comentario, ni me preguntó nada sobre aquel día. Había guardado la experiencia en su inconsciente y prefería no recordarla. En total vino 5 ó 6 sesiones a mi consulta hasta que desapareció su jaqueca.

Esta experiencia me condicionó mucho. Creo que ha sido la única vez que he permitido que el alma de una persona sin cuerpo físico entrara en mi corazón para dar un mensaje a alguien. Como es habitual que vengan a verme personas con este tipo de problemas, a lo largo del tiempo he desarrollado la táctica de decir: «Si tu madre, si tu marido, etc. estuviera aquí te diría . . .» y el mensaje les llega igual.
Otras veces la comunicación sucede más o menos como en la serie de televisión Entre Fantasmas (Ghost Whisperer). Escucho lo que me transmiten las almas, comunico lo que quieren decir a sus seres queridos y al final todos se van reconfortados, porque sienten que existe una conexión real y esa certeza les aporta paz, que es lo importante.