La Escuela de Enfermería del plano Astral

La noche del 20 de diciembre del 2013 soñé que estaba en una Escuela de Enfermería en el plano Astral. Formaba parte de un grupo de unas 10 almas a las que nos preparaban para ser sanadores en la dimensión física. Todos teníamos el aspecto de hombres y mujeres jóvenes, como de 20 años. Nuestro trabajo en la escuela transcurría entre las lecciones y el cuidado de los enfermos que estaban ingresados. Yo tenía la sensación de ser el único que conservaba aún su cuerpo físico y esto me producía la incómoda sensación de estar fuera de lugar. Mis compañeros solían comentar alegremente entre ellos cómo había sido su última vida en la Tierra y cómo les gustaría que fuera la siguiente, en la que ya podrían desarrollar las habilidades de sanador que estábamos aprendiendo. Cuando sanadores-del-almateníamos este tipo de conversaciones, yo trataba de disimular y contestaba con evasivas si alguien me preguntaba algo directamente, pues no quería que descubrieran que aún  tenía cuerpo físico. Recuerdo que una vez, uno de los pacientes a los que estaba cuidando se quedó mirándome fijamente y me preguntó muy serio y alarmado que por qué yo no era igual que los demás enfermeros. Terminé de atenderle lo más rápido posible y salí de su habitación en cuanto pude.

El aula donde estudiábamos tenía una mesa alargada en la que nos sentábamos todos los alumnos y el profesor. Recuerdo que una de las paredes era una gran pantalla donde se proyectaban imágenes relativas a la enseñanza que estábamos recibiendo.

Uno de los primeros casos que vimos fue  el de una mujer a la que habían torturado y asesinado. El cadáver estaba dentro de un saco de plástico que habían tirado al mar. El saco llegó a la costa, pero las corrientes marinas lo movían de un lugar a otro y esto dificultaba la localización del cuerpo, que se estaba descomponiendo más rápido de lo habitual. El alma de esta mujer había sufrido tanto durante su tortura que era incapaz de desprenderse de su cuerpo, pues no dejaba de revivir continuamente el dolor que había sufrido antes de morir.

Cada día, al empezar las clases, ella era el primer caso que nos presentaban. Veíamos a la mujer deteriorándose más y más y como su sufrimiento aumentaba con el paso del tiempo. Por alguna extraña razón que desconozco, nadie podía hacer nada desde el plano astral para ayudar a esta pobre mujer hasta que su cuerpo fuera encontrado en el plano físico…

Cuando finalmente el cuerpo fue hallado, tras estar varias semanas a la deriva, unos seres de luz nos trajeron inmediatamente una camilla con el cadáver. Mis compañeros y yo nos colocamos alrededor, mientras nuestro profesor nos enseñaba cómo se sana a las almas que se encuentran en esta situación. Yo estaba realmente impresionado, tanto por el deterioro físico de la mujer, como por el sufrimiento que desprendía su alma, que seguía aún atrapada en el cuerpo físico. Fue tal el impacto que me produjo la situación, que me desperté antes de que nuestro profesor pudiera finalizar la enseñanza.

El 21 de diciembre, la mañana siguiente a mi sueño,una pareja que paseaba por la playa encontró un saco de plástico con el cadáver de un hombre en avanzado estado de descomposición. El 22 de diciembre leí la noticia en el periódico. Decía que el cuerpo había estado flotando a la deriva durante varias semanas porque las mareas lo habían arrastrado de una playa a otra y eso había retrasado su localización…

Después de leer la noticia me quedé anonadado… Pocas horas después de haber tenido ese sueño había ocurrido una historia prácticamente idéntica, salvo que en mi sueño el cuerpo era el de una mujer y en la realidad resultó ser el de un hombre.

En cuanto pude me acosté y pedí volver de nuevo a la Escuela de Enfermería Astral.
Enseguida me vi. en la puerta de la Escuela, donde me esperaba un ser de luz al que yo conocía bien, porque había sido tutor mío en una etapa de transición espiritual por la que pasé años atrás. Él me franqueó la entrada y avanzamos por un largo pasillo en dirección al aula. Mientras caminábamos me explicó que era el director de la Escuela y que yo estaba allí porque él me había llamado y por tanto nadie iba a cuestionar mi presencia.
Aún así, me sentí un tanto avergonzado y me alegré de que en ese momento no hubiera nadie más con nosotros. Entramos en el aula y allí estaba la camilla con el cadáver. En esta ocasión el cuerpo era el del hombre que mencionaba la prensa y no el de la mujer de mi sueño. El director de la escuela me explicó que cuando alguien muere de forma violenta es normal que el alma se quede atrapada en el cuerpo y que no pueda evolucionar a un plano superior.  Me dijo que en esos casos, lo que tenía que hacer era introducir mi propia alma dentro del cadáver y desde ahí sanar el alma invocando una energía, profunda, intensa y amorosa y ofrecerla a la persona. En ese momento es normal ver  en primera persona las circunstancias de la muerte del paciente, tal como él las vivió, pero no es necesario recordarlo y si el trabajo se hace rápido, apenas queda un vago recuerdo de lo vivido en la conciencia del sanador.

El director y yo estábamos solos en el aula con el cadáver. Él miró fijamente el cuerpo y simplemente dijo: “Hazlo”energia-sanadora
Esta vez no dudé. Me imaginé dentro de él y al identificarme con ese cuerpo que yacía en la camilla, sentí su alma atormentada e invoqué la luz más blanca y pura que pude. Como en un flashback me vinieron una sucesión de imágenes  de cómo había sido torturado por varias personas. Sentí como su alma se liberaba y abandonaba ante nosotros el cuerpo que ya solo era carne muerta.
Poco después de esto, volví a entrar en mi cuerpo físico.

Una de las primeras personas con las que practiqué esta forma de sanación fue con Isabel.

 

Crónica desde el Otro Lado: 62 muertos al estrellarse un avión en el sur de Rusia.

Las 62 personas que viajaban a bordo de un avión de pasajeros en el sur de Rusia murieron al siniestrarse la aeronave en el segundo intento de aterrizar en el aeropuerto de Rostov el Don, dijeron funcionarios rusos. En la imagen, miembros del cuerpo de emergencias trabajan en el lugar del accidente del Boeing 737-800 Flight FZ981 de Flydubai, en el aeropuerto de Rostov-On-Don, Rusia, el 19 de marzo de 2016. REUTERS/Stringer

Es la noticia que destacan los periódicos de hoy: Un avión al intentar aterrizar con un fuerte viento lateral se estrelló aproximadamente a 200 metros de la pista de aterrizaje.
Al leer la noticia sentí que tenía que acudir a ayudar al rescate de las víctimas. En cuanto me ofrecí, me vi en la pista de aterrizaje, como sí el avión se hubiera estrellado allí mismo. En el aeropuerto caminaban numerosas personas sin rumbo, como perdidas. Me llamó la atención un hombre de unos 40 años que lloraba desconsolado sentado en su maleta. Hablé con él intentando tranquilizarle y como estaba muy nervioso le sugerí que se tumbara sobre la pista. Cuando empecé a hacerle sanación una gran bola de luz nos rodeo a los dos. Mientras yo recomponía las heridas que el accidente le había causado, los dos desprendíamos una luz tan intensa que atrajo a algunas de las almas perdidas que, formaron un círculo a nuestro alrededor y nos miraban con curiosidad. Poco a poco el hombre se fue tranquilizando. Extraje de su abdomen el pánico que había sentido en el momento de su muerte y finalmente él se quedó durmiendo plácidamente sobre la pista. Del grupo que nos rodeaba sé acercó una niña de unos 10 años, rubia y con la piel muy blanca. Muy seria, sin decirme nada, se tumbó al lado del hombre y empecé a hacerle sanación. Mientras trabajaba con ella, mentalmente veía muchos momentos felices de su vida: con sus padres, con su perro, con el que le gustaba jugar y pasear por el campo . . . Enseguida surgió del cielo como un túnel de luz muy blanca y la niña, o más bien su espíritu, fue hacia allí, sonriendo. A continuación se acercó a mí una mujer muy nerviosa, de unos 30 y tantos años, también rubia y con la piel muy blanca. Me miró con cierta desconfianza aunque a pesar de eso se tumbó donde había estado la niña. Con ella el trabajo fue muy intenso porque  había muchas cosas que le ataban al plano físico y se resistía a marcharse. Finalmente también desapareció envuelta en luz. El primer hombre al que había hecho sanación seguía aún tumbado, pero su imagen se iba desvaneciendo y su rostro transmitía mucha paz. Miré alrededor y vi que las pocas personas que aún permanecían en la pista estaban siendo tratadas por otros sanadores. Aunque entendí que mi trabajo ya se había acabado, me ofrecí de apoyo por si alguno de los grupos de ayuda me necesitaban. Entonces me vi en un hangar muy grande en el que se daban mantas térmicas y un caldo caliente a las personas accidentadas para reconfortarlas. Los afectados se difuminaban a medida que iban sanándose del accidente y desaparecían en la luz.
Tras  un rato, mi alma volvió a encajarse en mi cuerpo físico. Mi trabajo había terminado y,  justo después,  empecé a escribir esta crónica.