El joven enfadado.

María era una mujer de unos 40 años. Vino a mi consulta de sanador porque llevaba varios meses con ansiedad. Sin embargo, en la entrevista preliminar que tuve con ella no encontré ningún motivo aparente que justificara su malestar. Al comenzar la sesión con ella, mentalmente vi a su lado a un hombre mucho más joven que ella. Me dio la sensación de que habían tenido una relación muy estrecha, probablemente habían sido amigos o incluso parientes. Intuí que el jóven había muerto hacía unos 6 meses o un año y sentí que la ansiedad de María era un reflejo del enfado de él.

Para asegurarme de que lo que estaba percibiendo era cierto le pregunté a mi paciente: “¿En el último año has tenido alguna pérdida importante? ¿un trabajo? ¿alguna relación? ¿murió alguien cercano a ti?” María asintió y me contó la historia: Aproximadamente un año atrás, el hijo de su mejor amiga, de 20 años de edad, contrajo una enfermedad repentina de la que murió pocos meses después. Él nunca llegó a aceptar la enfermedad, sentía mucha rabia y en sus últimas semanas de vida no quiso ver a nadie, ni siquiera a su madre. A la única persona que permitió estar a su lado fue a María.

Comencé la sesión con María, primero sané el vinculo patológico que había entre ella y su amigo, después pedí a los guías espirituales del jóven que se lo llevaran a la luz. Interiormente ví una burbuja que envolvió al chico, esa burbuja transmitía una profunda sensación de paz, la luz aumentó su intensidad y ascendió al cielo. En ese momento sentí que María y su jóven amigo se habían liberado. A continuación, equilibré el cuerpo energético de María para limpiar cualquier resto de energía densa que pudiera quedar y di por concluida la sesión. No sé si hice bien o no, pero preferí no decirle nada a María de lo que había percibido y hablamos como si hubiera sido una sesión de sanación normal. La cité para la semana siguiente y nos despedimos. Cuando nos volvimos a ver María estaba bien, no había tenido ansiedad en ningún momento. Un mes después hablamos por teléfono y ella seguía bien, sin ansiedad. Di por terminado el tratamiento.

En una única sesión le desapareció la ansiedad que había sufrido durante varios meses. Para mi esa era la prueba de que no había sido sugestión, sino que algo real había pasado. Entonces me pregunté: Si la sanación que había hecho al joven había tenido en María un efecto tan profundo ¿qué efecto habría tenido en el chico, destinatario principal de la sanación?

Estoy totalmente seguro de que por fin él está en paz.

Sobre mi

Cuando yo tenía 23 años mi abuelo agonizaba en el hospital. Un día imaginé que estaba con él en su habitación, a mi abuelo apenas le quedaba un hilo de vida. Sentí que la vida abandonaba su cuerpo. Me desesperé, sin saber como, invoque Vida para él, fue una sensación muy intensa, por un momento mi ego se disolvió y simultáneamente fui yo tumbado, en el sofá de mi casa, fui mi abuelo yaciendo en su cama del hospital y sobre todo me convertí en una energía inmensa, luminosa y que lo llenaba todo. Intenté que esa energía fortaleciera a mi abuelo, pero fue inútil, la vitalidad se le escapaba a raudales, Durante todo ese día me sentí unido energéticamente a él, era consciente de que su vida física llegaba a su fin. La noche del segundo día tenía la sensación de que yo mismo iba a morir y tenía pánico ante esa idea. Era consciente que estaba sintiendo la muerte de mi abuelo y era como si él me arrastrara. Finalmente murió y durante varias semanas tuve un nivel de ansiedad muy elevado, hasta que entendí que cuando él murió yo también había cruzado una frontera y acepté que la conciencia puede existir más allá de lo físico.

Al cabo de los años he entendido que yo mismo me cause el dolor al esforzarme en mantener a alguien con vida y que en esos días me enfrenté a mi propio miedo a la muerte.

Poco a poco fui creciendo como sanador y a mi consulta cada vez con más frecuencia acudían y acuden personas que tienen problemas relacionados con la muerte de un ser cercano.

Una de estas personas fue María.